Carta abierta sobre la pérdida de los valores y la dignidad del servicio
No suelo escribir desde la indignación, pero hay momentos en los que el silencio se vuelve una forma de cobardía.
Y cuando lo que está en juego es la ética, la decencia y el respeto por el espíritu del servicio, callar sería claudicar.
He visto, con tristeza y desilusión, cómo personas que consideré nobles y compañeros de ideales, eligen hoy caminos opuestos a aquellos valores que decían defender.
Personas que convierten el compromiso que debemos a nuestra organización, en una herramienta de promoción personal, el liderazgo en una vidriera de vanidad, y el servicio en un discurso vacío que repiten sin sentirlo ni practicarlo.
No me refiero a diferencias humanas ni a los inevitables matices de criterio.
Hablo de algo mucho más grave: de la pérdida del pudor ético.
De esa frontera invisible que separa la sana aspiración del cálculo mezquino.
De los que, en vez de inspirar con su ejemplo, presionan, manipulan, prometen, buscan adhesiones o siembran dudas, todo en nombre de un cargo propio y de futuros cargos que prometen.
Nada hiere tanto como ver cómo algunos abusan de su posición, utilizando su cercanía, su influencia o su palabra para hacer lobby, condicionar decisiones o ensuciar el espíritu de confianza que debería unirnos.
Y más doloroso aún es advertir la complicidad de quienes se dejan arrastrar: los que, por conveniencia o por miedo, o por el cargo prometido, ceden su criterio, su libertad, su dignidad.
No culpo a la institución.
La organización que nos une es perfecta y jamás nos traiciona; está compuesta por hombres y mujeres, quienes, con sus actos, la degradan o la honran.
Y es precisamente por respeto a nuestra organización que le doy nacimiento a esta carta.
Porque la verdadera lealtad no es callar frente al desvío: es defender los principios cuando otros los olvidan.
He aprendido que el liderazgo genuino no se conquista con votos ni con campañas, sino con coherencia y ejemplo.
Quien necesita hacer proselitismo para obtener un cargo, revela sin querer que su trabajo no habla por él.
Y cuando los valores se cambian por conveniencias, lo que se pierde no es solo el rumbo que nos exige la institución, también se pierde el honor.
No pretendo señalar nombres.
Lo que me preocupa es la naturalización de lo indebido, esa peligrosa costumbre de aceptar lo incorrecto como si fuera parte del juego.
Esta organización, que se fundó sobre la ética y el servicio no puede permitirse esta resignación y es por ello que considero vital su defensa y los insto a unirse a esta causa.
Porque cuando el mérito se sustituye por el alto perfil, y la integridad por la estrategia, la decadencia ya comenzó.
A quienes aún creen en el valor del servicio desinteresado, los invito a no callar.
A seguir trabajando, aunque el ruido de las ambiciones distraiga.
A defender, con hechos, aquello que otros solo declaman.
Porque los cargos pasan, los nombres se olvidan, pero la dignidad permanece.
Y nada, absolutamente nada, vale más que eso.
Estoy convencida de que es hora de que todos defiendan la ética que siempre abrazaron y aquellas personas que se han olvidado de nuestras raíces, retomen el camino sagrado de la integridad.
EGD María Teresa Neira
Training Leader de la Asamblea Internacional 2022-2023
Con aprecio,
PDG Kikis López de Arbesú
Coordinadora de Membresía de Rotary de la Zona 25-A
Respuestas